En el día de hoy un grupo de mujeres junto a militantes de “Avanzar” se hicieron presente en la Licitación 22, sobre el Boulevard Tobar García, para homenajear a Evita en el 65 aniversario de su fallecimiento.

El 26 de julio de 1952 moría, en la residencia presidencial de la calle Austria, María Eva Duarte de Perón, esa mujer surgida del último peldaño social que llegó en vida a convertirse en “la abanderada de los humildes”, en detentadora de un poder negado hasta entonces al sexo femenino, en una persona amada y odiada hasta el paroxismo, que hace 65 años se convirtió en un mito que perdura hasta estos días.

En el monumento a la militancia, las mujeres de “Avanzar” la recordaron con una ofrenda floral a la abandera de los humildes. "Evita" murió a los 33 años, tras luchar contra un cáncer de útero.

Nacida en 1919, pasó su infancia en la localidad de Los Toldos en el seno de una familia humilde. Tras mudarse a Junín, comenzó a mostrar su vocación artística y siendo adolescente, migró a Buenos Aires. Tuvo diferentes papeles en compañías de teatro hasta que en 1937 obtuvo un rol en un radioteatro. A partir de allí ganaría protagonismo en la radio y el cine.

Su vida dio un vuelco en 1944, cuando conoció a Juan Domingo Perón, en un acto realizado en el estadio Luna Park por la Secretaría de Trabajo y Previsión. A su lado vivió las intensas jornadas de octubre de 1945 para luego tener una participación activa en la campaña de 1946, que llevaría a su marido a la presidencia.

Al casarse con Juan Domingo Perón, su vida actoral fue transformada en una carrera política.

Con Perón en la Casa Rosada, Evita despegó su carrera política. Días después del triunfo de su marido, pronunció su primer discurso político en un acto en el que comenzó a exigir el sufragio femenino, un derecho que se conquistaría poco después.

En tanto, Evita se convirtió en un lazo estrecho con las bases del peronismo, al mantener en una relación cercana y compleja con los sindicatos y al proliferar la asistencia social a través de su fundación.

A comienzos de 1950, su enfermedad empezó a hacerse visible. Pronto se supo que su caso era terminal. Tan sólo meses antes de su muerte, los adeptos al peronismo exigían que se pronunciara sobre la posibilidad de ser vicepresidenta. El 31 de agosto de 1951, a las ocho y media de la noche, en un breve discurso pregrabado, Eva Perón anunció su "irrevocable y definitiva" decisión de declinar a la candidatura, momento que fue conocido como "el día del renunciamiento".

Su cuerpo fue embalsamado y expuesto en la CGT. Pero en 1955, durante la Revolución Libertadora, el cadáver fue secuestrado y permaneció desaparecido durante 14 años. El confuso episodio, que incluyó entierro en un cementerio italiano bajo un nombre falso, culminó cuando en 1974 sus restos fueron repatriados desde España.

A partir de allí se abrió una bóveda en el cementerio de la Recoleta. Las visitas que hasta el día de hoy realizan locales y turistas ilustra la trascendencia que alcanzó la figura de Evita.

 
 

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